Las veces que habré oído palabras sin sentido, promesas jamás cumplidas, "te amo" vacíos como mi alma, como la del autor de esas palabras que me convenció de estar en una realidad, no tan real como creí. Y cuando abrí los ojos entendí que el sol siempre fué negro, que las flores siempre mueren y que las mariposas nunca entran en la panza. Entendí que lo que me "hacía bien", me dejó dos veces peor y, entonces, prometí no volver a caer en una trampa semejante, una trampa tan compleja y sobre todo mortal, como esa a la que llamaban amor.